Los procuradores, los grandes desconocidos del sistema judicial.

Procurador

La mayor parte de las veces que tenemos que interponer una demanda en un juzgado, además de contratar a un abogado, debemos contratar a un procurador. Entre otras cosas, este profesional, se encarga de gestionar todos los trámites para poner el juicio en marcha. Su papel es importante, pero si preguntas a cualquier persona de la calle sobre qué hace un procurador, pocas personas son capaces de responder.

El procurador se encarga de garantizar la imparcialidad del proceso judicial. Vela por asegurar las garantías judiciales.

En un proceso judicial, las formas son casi tan importantes como el fondo. Existen una serie de principios procesales que vienen implícitos en el propio procedimiento. Principios como el derecho a una defensa justa, que no solo se basa en tener derecho a un abogado, sino también a que cada una de las partes pueda presentar las alegaciones y pruebas que consideren oportunas para hacer valer sus intereses. Es precisamente las formas, el ámbito de actuación del procurador.

El papel del procurador es casi tan antiguo como el derecho. En el derecho romano existía una figura que se llamaba el “Procurator” que asistía al “Dominus” (señor) en los procesos judiciales y lo representaba en su nombre cuando este no podía acudir por causas justificadas.

En la edad media, esta función la pasa a desempeñar el “Personero”, con las mismas atribuciones que le concedía el derecho romano, que eran básicamente las de actuar como representante de su representado y hacer valer sus derechos en el juicio.

Como nos dice Álvaro Moliner Gutiérrez, director del despacho Moliner Procuradores, un despacho de procura fundado en Burgos en 1945, la profesión del procurador ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos. Hoy utilizan medios tecnológicos avanzados y han llegado a un nivel de especialización que asegura una comunicación fluida entre los representados y la administración de justicia.

¿Qué es un procurador?

La Universidad Alfonso X «El Sabio» señala que el procurador es un profesional del derecho especializado en el procedimiento judicial. Es, por tanto, un especialista en derecho procesal. Actúa como intermediario entre el juzgado, el abogado y el cliente.

Su papel es clave para asegurar la trasparencia, la eficacia y la rapidez de los procedimientos judiciales. Trabajando en todo momento por defender los derechos procesales de su representado.

En este sentido, el procurador es el encargado de efectuar todas las gestiones pertinentes en el juzgado. Es quien recibe las notificaciones y diligencias y quien se encarga de presentar los documentos que sean necesarios.

Abogados y procuradores trabajan en equipo, pero su función es diferente. Mientras el abogado se encarga de llevar adelante toda la estrategia de defensa, negociación o acusación, el procurador se encarga de las cuestiones técnicas. Elementales, por otro lado, para que el trabajo del abogado pueda llevarse sin problemas.

Un proceso judicial es complejo. Para ponerlo en marcha y gestionarlo sin contratiempos es necesario efectuar una serie de gestiones. El procurador las realiza actuando en nombre de su cliente. Es, por tanto, una especie de apoderado o representante legal que efectúa los trámites como si fuera una de las partes involucradas, pero con el conocimiento que le aporta el ser un profesional especializado en derecho procesal.

En un Estado de derecho, como el que tenemos en España, la legislación establece garantías de equidad para todos, en los procesos judiciales. Sin embargo, es necesario estar vigilante y actuar en ocasiones por iniciativa propia para que estos derechos sean contemplados y no se vulneren por algún descuido o defecto de forma.

¿Qué hace un procurador en un juicio?

Para comprender el trabajo de un procurador no hay nada mejor que conocer cuáles son sus funciones en un juicio. Según la página web de La Universidad Europea, estas son sus tareas principales:

  • Representar a su cliente en las cuestiones técnicas para toda clase de procesos judiciales.
  • Comparecer en el juicio en nombre de su representado.
  • Agilizar la ejecución de las sentencias.
  • Garantizar la comunicación entre el juzgado, el abogado y el representado.
  • Colaborar con la Administración de Justicia, ayudándola en la tramitación de los procesos, en la ejecución de las sentencias y en la aplicación de las resoluciones judiciales.
  • Subsanar los defectos procesales y de forma que aparezcan en los juicios.
  • Realizar los actos de comunicación judicial.
  • Acompañar a la comisión judicial en los embargos y en la toma de posesión de bienes inmuebles acordados por el tribunal. Asegurando, de esta forma, que se respeten los derechos procesales de su cliente y que se actúe con arreglo a derecho.
  • Pagar los costes del procedimiento, las tasas, los depósitos de los recursos, etc.
  • Realizar todos los trámites del día a día en los juzgados: emplazamientos, notificaciones, citaciones, etc.
  • Hablar con los funcionarios que tramitan los expedientes, los letrados de la Administración de Justicia o el juez cuando sea necesario.
  • Tramitar todo el procedimiento siendo el responsable de que los plazos se cumplen y de notificar, en todo momento, al abogado como avanza el desarrollo del juicio.

Podríamos pensar que de estas tareas se podría encargar el Estado de oficio. Sin embargo, igual que cada ciudadano tiene derecho a una asistencia jurídica por medio de un abogado para hacer valer sus argumentos, también tiene la potestad de velar porque el procedimiento judicial se efectúe con todas las garantías, sin que sus derechos se vean perjudicados.

¿Cómo ser procurador?

Un procurador tiene el mismo rango que un abogado. Este profesional debe haber terminado la licenciatura de derecho y posteriormente pasar un máster en Procura y derecho procesal que lo especializa para ejercer su profesión.

Con los títulos correspondientes ya se puede presentar a las pruebas de aptitud profesional realizadas por la Administración de Justicia que muestran su valía para el ejercicio de la profesión.

Este examen no son unas oposiciones. No es como para poder ser juez, fiscal o notario. Se trata de una evaluación que realiza el Ministerio de Justicia para comprobar que el candidato tiene los conocimientos suficientes para desenvolverse en las gestiones propias de un juicio.

Este es un requisito que ya estableció en su día Alfonso X “El Sabio” en el “Código de las 7 partidas” en las que fijaba que para poder actuar como procurador, el aspirante debía someterse a una prueba ante un tribunal formado por jueces de su jurisdicción.

Obtenida la calificación de apto, el procurador deberá inscribirse en el Colegio de Procuradores de su provincia y podrá ejercer su profesión de forma independiente dentro de un despacho de procurador.

El procurador, por tanto, es un licenciado en derecho que trabaja de manera independiente a instancia de un particular que ha contratado sus servicios.

Juicios en los que es necesario un procurador.

Un procurador está presente en casi todos los juicios, si bien hay una serie de salvedades como por ejemplo los juicios civiles cuya cuantía sea inferior a 2.000 €, los juicios laborales en primera instancia o los juicios contenciosos administrativos que traten sobre asuntos con una cuantía inferior a los 30.000 €.

Por otro lado, estos son otros juicios en los que sí es imprescindible la asistencia de un procurador:

  1. Juicios civiles: En los procedimientos civiles, como divorcios, reclamaciones de deudas o disputas contractuales, los procuradores representan a las partes y se encargan de la presentación y recepción de notificaciones, asegurando la correcta comunicación entre el juzgado y el abogado. También se encargarán de la presentación de la demanda ante el juzgado correspondiente y de interponer los recursos cuando una de las partes involucradas no esté de acuerdo con la sentencia.
  2. Juicios penales: En causas penales, los procuradores actúan en procedimientos de delitos, gestionando las notificaciones y los trámites procesales. Colaboran con los abogados defensores o acusadores, coordinando la documentación, la presentación de pruebas y los diferentes actos judiciales.
  3. Juicios laborales: La legislación laboral no hace imprescindible la presencia de un procurador para iniciar un juicio, pero es bastante aconsejable en pleitos relacionados con conflictos colectivos, despidos y reclamaciones de salarios. Los procuradores, en estos casos, facilitan la tramitación judicial, asegurando la entrega correcta de documentos a ambas partes y cumpliendo con los plazos judiciales.
  4. Juicios Contencioso-Administrativos: En casos en los que los ciudadanos o empresas impugnan decisiones de la administración, el procurador gestiona las notificaciones e interpone la demanda, siendo fundamental para que el proceso avance de forma adecuada.
  5. Juicios Mercantiles: En procedimientos de quiebra, insolvencia o litigios entre empresas, los procuradores representan a las partes en la gestión documental y en los trámites procesales, asegurando que se respeten los procedimientos formales ante el juzgado y defendiendo los derechos de sus representados, sobre todo en materia de recepción de notificaciones y presentación de alegaciones.
  6. Juicios de Familia: En procesos relacionados con la guarda y custodia de menores, modificación de medidas o pensión alimenticia, los procuradores facilitan la tramitación del procedimiento, presentando escritos y asegurando que las partes reciban las notificaciones a tiempo.

En todos estos juicios, la presencia del procurador refuerza la transparencia y la equidad judicial.